Había un ritual sagrado antes de que empezara todo: encontrar el mando a distancia.
Había un ritual sagrado antes de que empezara todo: encontrar el mando a distancia.
Imagina que lo conseguiste. Que esta vez todo salió bien.
No había manual de instrucciones para esto. Era algo que se aprendía solo, por instinto, por necesidad, por amor puro a la música.
En cada casa había uno. Un mando a distancia que pesaba como un ladrillo, con botones desgastados en los números y una pila que fallaba si lo inclinabas mal. Y
Hubo una época en la que tener el recopilatorio era casi un privilegio. Esas cajas dobles de CD con portadas llenas de neones, degradados rosas y azules, y tipo